Entrevista a la mamá de Bruno, el bebé fallecido tras esperar asistencia más de una hora en Torrelodones

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Hace unos días tuvimos oportunidad de visitar en su casa de Los Peñascales a Carmen, la mamá de Bruno; y conocer de primera mano la secuencia de los hechos de la fatídica noche en que perdió a su hijo, y ella prácticamente se desangró esperando la ambulancia; que inexplicablemente llegó 62 minutos después de la primera llamada al 112. Pudimos imaginar in situ la dantesca y desesperante situación que Carmen y Marco tuvieron que afrontar, con su bebé —nacido sin previo aviso a las 34 semanas— sobre el pecho de su madre, intentando respirar sin conseguirlo debido a la inmadurez de sus pulmones; mientras Carmen se desangraba. Hasta tres litros de sangre tuvieron que transfundirle.

Ya en el Hospital, a Bruno le diagnosticaron “muerte cerebral” por tanto tiempo de falta de oxígeno. Aún así, consiguió sobrevivir 8 horas, recibiendo en brazos de su madre todo el cariño que sus padres pudieron darle; hasta que finalmente su corazoncito se paró.

 

Inexplicable retraso de la ambulancia y total falta de apoyo desde el 112

Al conocer a Carmen encontramos a una mujer joven, agradable, culta y educada; en silla de ruedas por una lesión medular completa. Una mujer que creemos emocionalmente fuerte, serena; y a la que imaginamos curtida a base de haber sufrido lo inimaginable.

Sin dejar traslucir prácticamente sus emociones, en el salón de su casa, nos relató detalladamente y minuto a minuto el infierno que vivió junto a Marco, su marido; el pasado martes 4 de septiembre.

No caben dudas de que el sistema de emergencias falló; y ahora es la Justicia la que investiga el inexplicable retraso en recibir asistencia, y la situación de desamparo a la que se vio sometida esta familia a pesar de activar los servicios de emergencias a través del 112. Una familia que no estaba en medio del desierto, sino a minutos de modernos hospitales; en una noche normal… sin catástrofes, ni atentados, ni ninguna circunstancia extraordinaria que —a priori— pudiera justificar lo ocurrido. Ni siquiera nevaba o llovía; ni era festivo. Pero la asistencia no llegó hasta más de una hora después, y se vieron obligados a actuar por intuición, sin que nadie con criterio médico les trasmitiera tranquilidad o les dijera cómo proceder. Se sintieron solos, impotentes, sin saber qué hacer.

Al contar todo esto, Carmen solo busca que se pongan todos los medios para que lo que le ocurrió a su familia no le vuelva a pasar a nadie.

Estaban tumbados en la cama cuando Carmen, embarazada de casi 8 meses, detectó que estaba sangrando. Marco se levantó, cogió el teléfono de ella para llamar al 112, y dijo: «mi mujer está embarazada de 34 semanas, es un embarazo de alto riesgo porque está en silla de ruedas, y está sangrando mucho… necesitamos ayuda urgentemente». Así lo recuerda Carmen. Poco después, a la 01:06 de la madrugadarecibieron un SMS indicándoles: “Servicios de emergencia activados”.

A la 01:37 minutos no había llegado nadie, ni se habían vuelto a poner en contacto con ellos; pero la “pérdida” de sangre ya era un charco; por lo que volvieron a llamar. «¿Dónde estáis, cuánto tiempo va a tardar la ambulancia…?», preguntó Marco. «No sabemos decir cuánto tiempo tarda. Si diéramos un estimado comprometeríamos nuestra respuesta», le contestaron. «Yo no sé qué tengo que hacer; aquí hay sangre por todos los sitios… yo vivo a 15 minutos del Puerta de Hierro, ¿la llevo yo al hospital? ¿Dime qué tengo que hacer, qué hago?», preguntaba Marco con desesperación. «Si usted la lleva y la mueve, es bajo su responsabilidad», le contestaron.

«¿Cómo es posible que yo pido un paquete de Amazon y se en todo momento donde está el paquete; y una ambulancia no sé si va a tardar 12 minutos, 18, o 42 minutos? ¿Cómo no pueden decir “la ambulancia está a 13 minutos, como tu estás a 15 del hospital, no te muevas”; o al contrario, “la ambulancia va a tardar 42 minutos, ¿tienes posibilidad de coger el coche?”… y todo eso con una asistencia médica…»; se pregunta Carmen.

A raíz de esa segunda llamada que solo dura un minuto, Carmen siente que «nos dejan abandonados, porque no nos dicen ni cuándo va a llegar la ambulancia, ni qué tenemos que hacer, ni si es mejor o no que me lleven al hospital…». Viendo la cantidad de sangre que perdía, 3 o 4 minutos más tarde, entre el padre de Bruno y un amigo que casualmente estaba durmiendo en la casa de ellos, deciden: «Vamos a llevárnosla, porque se muere aquí desangrada». Así, mientras el primero abría todas las puertas, despejaba el camino y ponía el coche en marcha; el segundo cogía de la cama en brazos a Carmen para llevarla hasta el vehículo.

Cuando estaban a un metro del coche, empieza a nacer el niño. Entonces su padre coge al niño, y dice a su amigo “espera, espera… túmbala porque el niño ha nacido”. «Me tumban en el suelo, en el asfalto del garaje y les digo “darme al niño, que me lo pongo en el pecho, y darme algo para taparlo”».

En este punto resulta angustiante el relato, cuando Carmen cuenta que su pequeño, no se movía ni lloraba, pero hacía intentos por respirar; daba pequeñas y cortas aspiraciones, y ella notaba el sonido y los movimientos del pequeño tórax. Pero Bruno tenía solo 34 semanas y sus pulmones aún no estaban maduros para poder respirar por sí solo.

Ya con el niño nacido, realizaron una tercera llamada al 112, y recién en esa llamada los derivaron a un médico, que les dio unas breves indicaciones (la llamada dura 1 minuto) sobre qué hacer con el bebé. «No nos dieron ninguna indicación médica salvo en la tercera llamada, cuando mi hijo ya había nacido, y duraron menos de 1 minuto; y eran tan obvias, que ya se habían realizado; como poner el niño en el pecho, no cortar el cordón umbilical, taparlo para mantener el calor corporal y limpiarle con un pañito húmedo la boca y las fosas nasales. Esas fueron todas las indicaciones que nos dieron en una hora y dos minutos», asegura.

A la 01:53 volvieron a insistir al 112, al ver que no llegaban. A las 02:02 horas, ya desesperados, con el bebé muriéndose y la madre desangrándose, llamaron a la Policía Local, que llegó en 5 minutos; y a las 02:08, llegaron también dos ambulancias. La parsimonia con la que todos los sanitarios —excepto una mujer, que sí iba rápido— subieron la rampa de acceso a la casa; da la pauta de que no sabían la gravedad de lo que se iban a encontrar. Incluso uno de los sanitarios recibió una llamada de teléfono y se paró para hablar antes de entrar. Todo esto está grabado en la cinta de la cámara de seguridad que cubre la entrada a la casa.

«No vino nadie hasta que yo llamé a Policía Local. El 112 no mandó a ningún Cuerpo de Seguridad del Estado. No es normal que yo llame a un teléfono que se supone que coordina las emergencias… Tenemos un hospital privado a 2 minutos, que se ve el cartel desde aquí. El Centro de Salud de Torre… Protección Civil». Esperaron inútilmente que «alguien que haga algo —más, menos, mejor o peor— que intente ayudar y contribuir a que el resultado si es posible sea bueno, y si no, lo menos nefasto posible; pero no mandaron a nadie». «Yo ya no sabía qué hacer, por eso llamamos a la Policía. Nosotros no podíamos hacer nada más, nos dejaron en absoluta desatención con un bebé chiquitito en mi pecho que no respiraba, y yo me estaba desangrando. Estuvimos una hora y dos minutos en absoluta desatención, ni siquiera por teléfono nos decían qué hacer… Solo llamadas de un minuto», se queja Carmen.

Cuando los trasladaron al hospital Puerta de Hierro y tras estabilizarlo con máquinas y hacerle las pruebas para ver la actividad cerebral, les dijeron que había daños cerebrales gravísimos e irreversibles. «Muerte cerebral por falta de oxígeno» durante tantos minutos, le diagnosticaron.

«En el Puerta de Hierro fueron muy humanos», recuerda Carmen. Les dijeron que la muerte se iba a producir en cualquier momento y le ofrecieron darle a su hijo en brazos, y esperar el fallecimiento con el apoyo y asistencia de un neonatólogo. Bruno falleció a las 11 de la mañana. Solo al recordar estos momentos, Carmen no consigue evitar que le vibre la voz por la emoción: «Y así hicimos», cuenta emocionada. «Yo cogí a mi hijo en brazos y le di todo el cariño que pude; le di las gracias. “Gracias hijo mío por existir, por estos ocho meses, por estas 8 horas; gracias por todo lo que nos has dado, gracias por vivir, Bruno; eres de nuestra familia, te queremos Bruno y nunca nos vamos a olvidar de ti…”. Hasta que el neonatólogo nos dijo “ya no le late el corazón”».

Estos padres no se explican lo que pasó y esperan respuestas, que seguramente llegarán desde la Justicia; donde con inusitada rapidez, fue admitida a trámite la denuncia que presentaron, con la esperanza de que hechos así no vuelvan a ocurrir. Seguramente todas las llamadas realizadas estarán grabadas y facilitarán la investigación.

 

Misa de Gloria por Bruno

Mañana miércoles 7 de noviembre 2018, a las 17:30 horas, en la Parroquia de San Ignacio de Loyola de Torrelodones (Colonia), se oficiará la Misa de Gloria por Bruno. «Si queréis acompañar a mi hijo estaremos encantados de sentir vuestro apoyo», expresó Carmen al comunicar el evento.

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