31 de Julio: La Parroquia San Ignacio de Loyola de Torrelodones celebra el día de su patrón

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D. Gabriel Mª García Serrano, Párroco de San Ignacio de Loyola (Torrelodones) y las Hnas. Auxiliares ParroquialesEste miércoles 31 de julio, festividad de San Ignacio de Loyola, la comunidad parroquial de San Ignacio, de Torrelodones, celebrará el día del Fundador de la Compañía de Jesús, su Patrono.  Tras la Misa  a las 20,30 h en la parroquia, se ofrecerá un «ágape fraterno». «¡Estáis todos invitados!», recordaban hoy desde la cuenta de Twitter del Colegio San Ignacio, en un mensaje acompañado de la foto de D. Gabriel y las Hermanas Auxiliares Parroquiales que puede verse junto a estas líneas.

Íñigo de Loyola «Nació el año 1491 en Loyola, en las provincias vascongadas; su vida transcurrió primero entre la corte real y la milicia; luego se convirtió y estudió teología en París, donde se le juntaron los primeros compañeros con los que había de fundar más tarde, en Roma, la Compañía de Jesús. Ejerció un fecundo apostolado con sus escritos y con la formación de discípulos, que habían de trabajar intensamente por la reforma de la Iglesia».* 

«Durante los quince años que duró el gobierno de San Ignacio, la orden aumentó de diez a mil miembros y se extendió en nueve países europeos, en la India y el Brasil. Como en esos quince años el santo había estado enfermo quince veces, nadie se alarmó cuando enfermó una vez más. Murió súbitamente el 31 de julio de 1556, sin haber tenido siquiera tiempo de recibir los últimos sacramentos».*

«La prudencia y caridad del gobierno de San Ignacio le ganó el corazón de sus súbditos. Era con ellos afectuoso como un padre, especialmente con los enfermos, a los que se encargaba de asistir personalmente procurándoles el mayor bienestar material y espiritual posible. Aunque San Ignacio era superior, sabía escuchar con mansedumbre a sus subordinados, sin perder por ello nada de su autoridad. En las cosas en que no veía claro se atenía humildemente al juicio de otros», «…reprendía a aquéllos a quienes el estudio volvía orgullosos o tibios en el servicio de Dios, pero fomentaba, por otra parte, el estudio y deseaba que los profesores, predicadores y misioneros, fuesen hombres de gran ciencia»*.

«La corona de las virtudes de San Ignacio era su gran amor a Dios. Con frecuencia repetía estas palabras, que son el lema de su orden: “A la mayor gloria de Dios”. A ese fin refería el santo todas sus acciones y toda la actividad de la Compañía de Jesús»*.

«San Ignacio ponía su felicidad en trabajar por Dios y sufrir por su causa»*. Medio centenar de Santos se han elevado desde las filas de la Compañía de Jesús.

 

El Papa Francisco, un claro ejemplo de la doctrina ignaciana

La prudencia, caridad, humildad, austeridad, la vocación de servicio a los más necesitados… y el encontrar su felicidad en trabajar por Dios y sufrir por su causa, cualidades que se resaltan del fundador de la Compañía de Jesús, son algunas de las notorias características que nada más asumir, se han destacado del Papa Francisco. No es de extrañar, pues el Santo Padre es un jesuita. El Papa es también un hombre de «gran ciencia». Antes de unirse a la Compañía de Jesús, Francisco ya se había graduado como ingeniero químico. Posteriormente estudió humanidades, cuenta con una licenciatura en Filosofía, estudió Teología en la Facultad de Teología de la máxima colegio San José, en San Miguel (Argentina). En 1969 fue ordenado sacerdote, año en el que se desplazó a España para cumplir su tercer “probandato” –periodo que sirve para preparar intelectualmente a los jóvenes sacerdotes– en la Universidad Alcalá de Henares de Madrid.

El Santo Padre a su vuelta de la JMJ en Río 2013, conversó con los periodistas que le acompañaban en el avión. En una interesante recopilación de esas conversaciones que se puede leer aquí, le preguntaban si le gustaba ser obispo y ser Papa, y así respondía Francisco: «Me preguntaba si me gusta…. Sí, me gusta ser obispo. En Buenos Aires he sido muy feliz. He sido feliz, el Señor me ha asistido en eso. Como obispo he sido feliz, como sacerdote he sido feliz. En ese sentido me gusta».

«¿Y ser Papa le gusta?» —le preguntaron.

«Si, también. Cuando el Señor te pone ahí, si tú haces lo que el Señor te pide eres feliz. Eso es lo que siento», respondió el Santo Padre, que evidentemente, como San Ignacio, encuentra la felicidad en trabajar por Dios y sufrir por su causa.

 

 

(Nota: las frases «entrecomilladas»* con asterisco pertenecen a Corazones.org)

 

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