Funeral por D. José María García Sánchez padre del párroco D. Gabriel

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jose-maria-garcia-sanchezEl próximo viernes 17 de octubre de 2014, a las 19:30 horas, se celebrará un funeral por el eterno descanso de D. José María García Sánchez, en la Parroquia San Ignacio de Loyola, de la Colonia de Torrelodones.

D. José María murió en Madrid el 1 de octubre de 2014, reconfortado por los Santos Sacramentos y rodeado de sus seres queridos.

Nacido en Madrid el 12 de diciembre de 1930, junto a María Luisa Serrano, su mujer, tuvo siete hijos; dos de ellos, sacerdotes: Andrés y Gabriel. D. Gabriel María García Serrano es párroco de San Ignacio de Loyola, y titular del Colegio San Ignacio y de la Residencia Parroquial Santa María de los Ángeles, de Torrelodones.

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Reproducimos a continuación un texto publicado en la Hoja Dominical de la Parroquia San Ignacio, ayer —Día de Nuestra Señora del Pilar—, en el que el Padre Gabriel da testimonio de los últimos días de vida terrenal de su padre.

El pasado 1 de octubre —Santa Teresita del Niño Jesús— mi padre fue llamado a la vida eterna. Después de dos años de enfermedad, a principios de septiembre, los médicos nos dijeron que la metástasis había crecido mucho y ya invadía órganos vitales. El domingo, 21 de septiembre, mi hermano Andrés —también sacerdote— y yo, le impartimos la unción de los enfermos. El 28, recibió su última comunión. Tengo gravada en mi memoria esa sonrisa. A mediodía comenzó a entrar en estados de inconsciencia. Por la tarde el médico nos dijo que el hígado —invadido por el cáncer— había fallado, provocándole una sedación natural. Durante tres días hemos estado cantándole, rezándole, achuchándole, besándole… Celebrábamos la eucaristía a los pies de su cama rodeado de nietos, hijos, mi madre, familiares y amigos. El día 1, a terminar la misa, en el momento de dar la bendición final, su respiración cambió, y mientras cantábamos la Salve, vino la Virgen —con Santa Teresita— y con gran paz, tomó su alma para llevársela al Cielo. Todos nos pusimos a llorar, pero os aseguro que no era un llanto desesperado, sino gozoso, conmovido, sorprendido por el Misterio Infinito del que estábamos siendo testigos. Rezamos la recomendación del alma y decidimos velarle en casa. Estamos agradecidos porque, todo el mazazo de la muerte, es consolado por tantos hermanos que nos muestran la definitiva victoria de Cristo. Tanto del entierro como del funeral en su Parroquia de Madrid, hemos vuelto plenos. La muerte se ha convertido en fiesta de la vida. ¡Tenemos un tesoro tan grande! En este lugar, que es la Iglesia, el pueblo de Dios, en el que toda vida da fruto, hasta la muerte de un padre se convierte en oportunidad para ver el rostro de Cristo Resucitado. Puedo decir que no es un hecho del pasado, sino que en estos días, cuando todo parecía perdido, he podido tocar sus heridas gloriosas que me hablan del Cielo. Todo mi corazón grita ese destino eterno para el que ha nacido. Vivamos cada encuentro entre nosotros como anticipo de ese encuentro definitivo y gozoso al que, un día, todos estamos llamados. La Virgen del Pilar, nos arraiga en esa columna que es la Fe. En comunión, vuestro párroco.

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