25 de Agosto: Cumpleaños y Santos de los amigos de Torrelodones.info

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Cumplen años hoy los siguientes amigos de Torrelodones.info: José Luis Cardenal Marcos, Carlos MartínezRicardo Sancho y Marta Iglesias García.

Muchas  felicidades para ellos y para todos los que celebren su Cumpleaños o su Santo hoy.

(Mañana 26 de agosto cumplirán: José Pérez, Esperanza San Román, Montserrat Altares Oreña, Bego Mula y Mónica García de Leániz)

 

Santoral del 25 de agosto

Santos: Luis, rey; Nemesio, diácono; Eusebio, Vicente, Ginés, Magin, Ponciano, Peregrino, Julián, mártires; Geroncio, Gregorio, Menas, obispos; Patricia, Lucila, vírgenes; Arnoldo, confesor; José de Calasanz, presbítero, Patrono del Magisterio Español y de la escuela popular católica; Tomás de Kempis, beato.

 

Luis, rey de Francia (1214 1270)

 

«Más prefiero verte muerto, que en desgracia de Dios por el pecado mortal». En esta frase está resumida toda la táctica pedagógica de su madre. Fueron sólidos principios cristianos los que quiso transmitirle como preparación a la labor de rey que había de desempeñar en el futuro para buscar el bien común de su pueblo. Pero esto no quiere decir que se tratara de un pietismo –tan frecuente como inútil– consistente en acumular prácticas religiosas, sin más; ni de falsa religiosidad fundada en sensibilidades y consuelos; más bien fue todo lo contrario. El esmero de la formación consistió en inculcarle firmeza, espíritu de justicia y fortaleza basados en el amor a Dios por encima de todas las cosas y en una sólida piedad disciplinada, no abandonada al gusto del momento, ni a los vaivenes de los sentimientos, y mucho menos a merced de la conveniencia. La consecuencia fue un decidido aborrecimiento del pecado.

 

Y todo ello era necesario, porque las cosas van por otros derroteros en las cortes del siglo XIII en ellas se inspiran los humos del desorden y se cuecen turbulencias, tropelías, atropellos y traiciones a pesar de vivir en una etapa de grandes heroísmos cristianos.

 

Nació Luis el día 25 de abril de 1214, en Poissy. Fue rey de Francia a los 12 años, a la muerte de su padre, Luis VIII, aunque quedó bajo la regencia de su madre española Doña Blanca de Castilla, siendo por tanto primo de nuestro, también rey, san Fernando. Se casó Luis IX con Margarita, la hija del conde provenzal Ramón Berenguer, con quien tuvo once hijos.

 

Su reinado fue de los más completos y ejemplares del mundo occidental en su época. Tomó en serio aquello de que a la función de reinar le corresponde la noción de servicio y supo hacerlo de modo que el trono se obligara a tener más deberes que derechos. Queriendo eficazmente la paz para sus súbditos, pasa con bastante frecuencia por alto los informes que llegan a su mesa por el camino oficial del reino que con harta frecuencia están torcidos, son tendenciosos o llevan la marca de la manipulación y del ocultamiento. Además, llega a intervenir personalmente en la administración de la justicia. No es blando, cuando se trata de sofocar la rebelión de algunos de sus nobles apoyados por los ingleses; pero, en la victoria, supo tener misericordia con Hugo de Lusignan y con Raimundo de Tolosa; con los mismos ingleses vencidos fue igualmente magnánimo en la firma del tratado de París del 1259.

 

En el campo de las relaciones con la Iglesia quiso ser hijo fiel y lo logró. Medió en el pleito entre el papa y Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1215-1250) y rey de Sicilia, que estaban enfrentados por la cuestión de las investiduras y las regalías. No dejó de usar mano dura con sus súbditos clérigos, cuando tuvo que corregir los abusos de autoridad en que incurrían con frecuencia. También protegió los templos y hasta facilitó la lucha contra la herejía.

 

La vida privada del rey mostró usos poco frecuentes por lo llamativo de las obras. Con su familia, fue especialmente cuidadoso en el punto de educar cristianamente a sus hijos de modo personal. Su piedad y devoción personal resultaba altamente llamativa. Construyó la Santa Capilla en su propia residencia y la preparó para depositar en ella, con el fin de venerarlas, reliquias que tuvo por auténticas y verdaderas, como el hierro de la lanza que atravesó el costado de Jesús, la corona de espinas y un trozo de la vera cruz. De la autenticidad tendrán que decidir los expertos; pero, desde luego, el rey pasaba largas horas de oración en su lugar de recogimiento. Quizá de ahí fue de donde sacó los gestos caritativos –los que andaban de boca en boca por su reino– de atender a pobres desarrapados, sentándolos a su propia mesa, lavando a algunos las heridas y a otros impedidos dándoles de comer con su propia mano.

 

Quizá al hombre de nuestra época le resulte difícil compaginar tales muestras de amor al prójimo con el otro tema que resta por mencionar: Las Cruzadas. No eran un juego de niños, ni un paseo militar. Dos veces movilizó a sus tropas e intervino de modo personal y directo en el intento de recuperar para la Cristiandad los Santos Lugares. Era el proyecto militar de la Edad Media, la oportunidad de manifestar fe y audacia. El paso de los siglos quizá no permita considerar en toda su grandeza aquella gesta que perteneció al espíritu del caballero cristiano, batiéndose con sacrificio por la cruz, pero eso sería anacronismo. La primera vez fue atendiendo al llamamiento que hizo el papa Inocencio IV en el concilio de Lyon, ya que los intentos anteriores habían pasado sin éxito. Luis IX embarcó en Marsella y llegó a Chipre, que se señaló como punto de reunión y partida; con 40.000 hombres conquista Damieta, pero se estrella en las proximidades de El Cairo; cae preso y, liberado, pasa cuatro años fortificando las plazas cristianas y visitando los Santos Lugares con profunda piedad. El papa Clemente IV alienta de nuevo el rescate de Tierra Santa; Luis pasa de Túnez a conquistar Cartago y hasta ese momento todo le va bien; pero ahora el enemigo principal es la peste que arrasa el campamento y hace imposible la prosecución de la lucha y de la gesta de conquista.

 

Cuidando personalmente a los apestados, se contagia y muere el 25 de agosto de 1270, musitando la palabra «Jerusalén». En esa ocasión, murieron también su hijo Juan Tristán, el Legado Pontificio y la flor y nata de su ejército. Sus restos se trasladaron en un primer momento a Sicilia y, posteriormente, al panteón de San Dionisio, en París.

 

Lo canonizó el papa Bonifacio VIII y los franceses quisieron asumirlo como Patrón.

 

¿No es verdad que la figura de un rey tan peculiar parece salida de una colección de bellos relatos que, en realidad, nunca existieron? Pero él y sus obras bien documentadas –narradas por Joinville en Histoire de Saint Louis, entre otros– están a disposición de la historia.

 

 

 

 

San José Calasanz (CALASANCTIUS)

 

1556-1648; Fiesta: 26 de Agosto.

Fundador de los Padres Escolapios.

Patrón de las escuelas públicas cristianas. (Pío XII, 1948).

Llamado en religión “a Matre Dei”.

Nació el 11 de septiembre de 1556 en el castillo de Calasanza,

cerca de Petralta de la Sal, Aragón (España).

Murió el 25 de agosto de 1648, en Roma.

 

 

Resumen:

Nació en Aragón el año 1557. Obtuvo una excelente formación y ejerció el sacerdocio en su patria. Más tarde, se trasladó a Roma, donde se dedicó a la instrucción de los niños pobres y fundó una Sociedad destinada a este fin. Tuvo que sufrir duras pruebas, entre ellas las calumnias de los envidiosos. Murió en Roma el año 1648.

 

Sus Padres son Pedro Calasanza (gobernador de la región) y Doña María Gastonia, le dieron a José, el menor de cinco hijos, una buena educación en la casa y después en la escuela de Petralta. Los religiosos que lo instruyeron en su niñez lo entusiasmaron por la vida sacerdotal. Desde muy pequeño su gran deseo era poder alejar el mal y el pecado de las almas de los demás. En el colegio se burlaban de él los compañeros, porque les perecía demasiado piadoso, pero poco a poco con su amabilidad los fue ganando a su favor.

 

Después de sus estudios clásicos en Estadilla, estudió filosofía y leyes en Lérida, recibiendo el doctorado en leyes. Posteriormente, completó con honores cursos de teología en Valencia y Alcalá de Henares (España).

 

Tras la muerte de su madre y hermano, Don Pedro quiso que José fuera militar y se casase para perpetuar la familia. Dios interfirió enviando una enfermedad en 1582 que llevó a José al borde de la muerte. El joven le prometió a Dios que si le concedía la curación, se dedicaría únicamente a trabajar por la salvación de las almas. El joven curó de la enfermedad, y entonces el papá le permitió cumplir su promesa, y fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1583, por Hugo Ambrosio de Moncada, obispo de Urgel.

 

Sacerdote sabio, virtuoso y entregado

 

José comenzó su ministerio sacerdotal en la Diócesis de Albarracín, donde el obispo della Figuera lo envío a una región montañosa donde la gente era muy ignorante en religión. Allá, entre campos y caminos peligrosos, se propuso visitar familia por familia para enseñarles la religión.

 

En Barcelona existía una terrible pelea entre dos familias de las principales de la ciudad, con grave peligro de matanzas. San José fue enviado a poner la paz y logró que se casara un joven de una de las familias con una muchacha de la familia contraria y así volvió a ver paz entre los que antes eran enemigos.

 

El señor obispo de Urgel lo nombró su teólogo y confesor y vicario general, el más alto puesto en la diócesis después del prelado. Cuando el obispo fue transferido a Lérida, se llevó a su teólogo. En 1586 della Figuera fue enviado como visitador Apostólico a la abadía de Montserrat, y José le acompañó como secretario. El obispo murió el año siguiente y José se fue, aunque urgentemente le pidieron que se quedase. Llegó a Calasanza solo para estar presente en la muerte de su padre. Fue entonces llamado por su obispo de Urgel para ser vicario-general del distrito de Trempe.

 

Dios lo llama a enseñar a los niños abandonados de Roma

 

Sentía una voz en su interior que le decía: “¡Váyase a Roma! ¡Váyase a Roma!” Y en sueños veía multitudes de niños desamparados que le suplicaban se dedicara a educarlos. Entonces, renunciado a sus altos puestos, y repartiendo entre los pobres las grandes riquezas que había heredado de sus padres, se dirigió a pie a la Ciudad Eterna en 1592. Allí encontró un protector en el Cardenal Marcantonio Colonna, quién lo escogió como su teólogo e instructor para su sobrino.

 

Roma ofrecía un espléndido campo para el ministerio de la caridad, especialmente en la instrucción de los niños sin hogar, muchos de los cuales eran huérfanos. José entró en la Cofradía de la Doctrina Cristiana que se dedicaba a enseñar catecismo a los niños. Reunía a los niños y niñas de las calles para llevarlos a la escuela. Los maestros, que recibían poca paga, rehusaron la carga adicional sin remuneración. José vio que era necesario fundar escuelas para que los jovencitos tuvieran educación e instrucción durante la semana y no solo el domingo. En ese tiempo los gobiernos no tenían ni escuelas ni colegios, y la juventud crecía sin instrucción.

 

El párroco de S. Dorotea, Antonio Brendani, le ofreció dos cuartos y le prometió ayuda en la enseñanza. Cuando dos otros sacerdotes prometieron ayuda similar, José, en noviembre de 1597, abrió la primera escuela pública gratuita en Europa. El Papa Clemente VIII dio una contribución anual y muchos otros compartieron en esta gran obra. En corto tiempo, José tenía mil niños bajo su cuidado.

 

Funda los Escolapios y las “Escuelas Pías”.

 

En 1602 alquiló una casa en San Andrea della Valle y comenzó la vida comunitaria con sus asistentes. Allí puso los fundamentos para su congregación religiosa. A sus institutos educativos les puso por nombre “Escuelas Pías” y los padres que acompañaban al padre Calasanz se llamaron Escolapios. Después de un par de años ya había “Escuelas Pías” en muchos sitios de Italia y en muchos países.

 

En sus ratos libres se dedicaban a socorrer enfermos y necesitados, especialmente durante la peste o las inundaciones. San José de Calasanz y su amigo San Camilo eran incansables en el servicio.

 

En 1612 la escuela fue transferida al palacio de Torres junto a San Pantaleone. Aquí José vivió el resto de sus años como un verdadero hijo de la Iglesia y amigo de los niños abandonados.

 

Oposición y reivindicación

 

El padre Calasanz tenía una gran fuerza y un día se echó sobre sus espaldas una pesadísima campana y se subió por una escalera para llevarla a la torre. Pero la escalera se partió y él cayó con la campana y se rompió una pierna. Duró varios meses en cama entre la vida y la muerte y desde entonces su falta de salud lo hizo sufrir mucho. Pero los mayores sufrimientos le iban a llegar de otra manera totalmente inesperada.

 

Recibió el padre Calasanz como colaborador a un hombre ambicioso y lleno de envidia, el cual se propuso hacerle la guerra y quitarle el cargo de Superior General. Por las calumnias de este hombre y de varios más, nuestro santo fue llevado a los tribunales y solamente la intervención de un cardenal obtuvo que no lo echaran a la cárcel. Él repetía: “Me acusan de cosas que no he hecho, pero yo dejo a Dios mi defensa”. El envidioso logró a base de calumnias que a San José Calasanz le quitaran el cargo de Superior General, y después las acusaciones mentirosas llegaron a tal punto que la Santa Sede determinó acabar con la congregación que el santo había fundado. San José al escuchar tan triste noticia, repitió las palabras del Santo Job: “Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea Dios”.

 

Afortunadamente, después se supo la verdad y al Fundador le fueron restituidos sus cargos y la Comunidad volvió a ser aprobada y ahora está extendida por todo el mundo. Podemos entonces compreder por que un cardenal que después fue Sumo Pontífice, llamó a San José Calasanz “un segundo Job”, aludiendo a los sufrimientos de santo Job de lo Biblia.

 

Por las quejas y calumnias contra el José de Calasanz y las Escuelas Pías, el Sumo Pontífice Clemente VIII envió a los sabios Cardenales Baronio y Antoniani a que hicieran una visita sorpresa a las tales escuelas. Los dos cardenales se presentaron repentinamente y encontraron que todo funcionaba tan sumamente bien, que el Papa al escuchar su excelente informe se propuso ayudarlas mucho más en adelante. Algo parecido hizo más tarde el Papa Paulo V y al darse cuenta de los bien que funcionaban las escuelas del padre Calasanz, le concedió toda su ayuda. Y en verdad que la necesitaba porque las dificultades que se les presentaban eran muy grandes.

 

Final de una vida santa

 

El 25 de agosto del año 1648, a la edad de 92 años pasó este gran apóstol a la eternidad, a recibir el premio de sus grandes obras apostólicas y de sus muchísimos sufrimientos. Fue sepultado el 26 de agosto del 1648.

 

Fue beatificado el 7 de agosto de 1748, y canonizado por Clemente XIII, el 16 de julio del 1767.

 

Dicen que San Alfonso de Ligorio cuando estaba fundando la Congregación de Padres Redentoristas, y encontraba fuertes dificultades y oposiciones, leía la vida de San José de Calasanz para animarse y seguir luchando hasta conseguir la definitiva aprobación.

 

Los padres Escolapios continúan la excelente obra de su fundador en sus escuelas esparcidas por todo el mundo. Tienen 205 casas en el mundo, dedicadas a la educación, con 1630 religiosos.

 

La vida de San José Calasanctius fue escrita por Timon-David (Marseilles, 1883); Hubert (Mainz, 1886); Tomaseo (Rome, 1898); Heidenreich (1907). Cf. Hist. polit. Blatter, CXX, 901; Fehr in Kirchenlexicon, s. v.

 

Fuente sobre San José Calasanz: Corazones.org

Fuente del Santoral: Archimadrid.org

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