Nombran calles de Torrelodones en homenaje a once vecinos

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Numerosos familiares de los homenajeados asistieron al PlenoLa primera parte del Pleno del martes 14 de febrero de 2012, fue atípica. No hubo duros debates ni frases ásperas o irónicas propias de la actividad política. En un ambiente festivo, no exento de emotividad, tras conceder en el primer punto del Orden del Día la Medalla de Torrelodones a la Participación Ciudadana a la Emocionado, el Concejal de Atención al Ciudadano lee la propuesta de nombre para las calles.Asociación Minifútbol, la Corporación Municipal de Torrelodones tuvo la satisfacción de honrar a once hombres y mujeres, cuya huella en Torrelodones será ahora aún más profunda y perdurable -si cabe-, al otorgarle sus nombres a diferentes calles del municipio. Con el Salón de Plenos lleno de familiares y El Pleno aprobó por unanimidad el nombre de las nuevas callesamigos de los homenajeados, el Pleno aprobó cada una de las propuestas por unanimidad.

 

El Concejal Delegado del Área de Comunicación, Atención al Vecino y Participación Ciudadana, Ángel Guirao, propuso cambiar el nombre a varias calles del sector 10, en Prado Grande, y asignar otras que aún no estaban nominadas, a personalidades vinculadas a Torrelodones.

 

“La mayoría de los nombres que figuran en el callejero de Torrelodones se refieren a personas que han tenido una vinculación con el pueblo. Así es como debe ser. No en balde, además de dictarlo el propio sentido común, una directriz de Naciones Unidas, aconseja denominar las calles con nombres locales más que generales”, expresó Ángel Guirao.

 

La gran labor de investigación histórica llevada a cabo por el edil para presentar la propuesta, fue elogiada por el portavoz del principal partido de la oposición.

 

Tras una muy interesante exposición sobre las personas que dieron nombre a calles de nuestro pueblo entre las que se cuentan algunos personajes ilustres, el Concejal comentó que “en la mayoría de los casos, la toponimia torrelodonense se asienta sobre la base de distinguir sus calles con los nombres de vecinos y vecinas cuya principal gesta ha sido el mero hecho de serlo. No son ni particularmente relevantes ni famosos. Sus designaciones obedecen al cariño de los que los han conocido y querido, y que entienden que contar con una calle que contenga su nombre es un pequeño y entrañable homenaje a estas personas”, manifestó Ángel Guirao.

 

Con la idea de continuar con la tradición de nominar las calles de Torrelodones con el nombre de sus vecinos, el concejal de Comunicación y Atención al Vecino propuso renombrar calles cuyos nombres actuales no nos resultan relevantes, y asignarle uno nuevo como reconocimiento a los méritos de personas vinculadas a Torrelodones.

 

Los nombres de las nuevas calles, seguidos de una breve reseña sobre cada persona, que hemos transcripto de la propuestas presentadas al Pleno, son:

 

 

Calle Amparo Cantero Tur (actualmente calle del Amor)

Amparo Cantero Tur. “Más conocida como “Amparito”, comenzó a pasar sus veranos en Torrelodones, de la mano de su familia, quedó prendada del pueblo y con los años se convirtió en algo más que una “veraneante”, regresando los fines de semana y siempre que el trabajo se lo permitía, estableciéndose de forma permanente en su casa en Torrelodones, una vez que alcanzó la jubilación.

 

El carácter de Amparo, su alegría, sus ganas de participar en todo lo concerniente a nuestro pueblo, su amabilidad con todo el mundo, la ha convertido en una mujer querida y respetada por todos los que hemos tenido la suerte de conocerla. Ella es la representación viva del tributo que Torrelodones le quiere rendir a sus mayores”.

 

Calle de Ángel Somalo Armas. Juez de Paz. (actualmente calle de la Amistad)

Ángel Somalo.  Muy conocido por regentar una ferretería en la Carretera de Galapagar; anteriormente fue Guardia Civil en Torrelodones. Tuvo dos hijos, que residen también en Torrelodones.

 

Fue Juez de Paz en Torrelodones, desde finales de los años 70 hasta su muerte, dedicando a esta importante tarea su tiempo y su energía con gran dedicación y una enorme entrega a los demás.  Su figura  como Juez de Paz, como por otra parte la de todos los Jueces de Paz debe destacarse ya que representa a la Justicia en el nivel más próximo a los ciudadanos, más cercano a los vecinos de los pueblos donde ejerce su labor.

 

Calle de Joaquín Rodrigo Vidre. Compositor. (actualmente calle de la Alegría)

Joaquín RodrigoVidre.  Nació en Sagunto el 22 de noviembre de 1901, iniciando sus estudios musicales de solfeo, violín y piano con ocho años, tras haber sufrido la pérdida parcial de la vista.

 

Sus primeras composiciones datan de 1923 en España, si bien en 1927 se trasladó a París, donde continuó sus estudios en la École Normale de Musique, conociendo además en París a su futura mujer, la pianista turca Victoria Kamhi, con la que se casó el 19 de enero de 1933.  Continuó sus estudios en la Sorbona, trabajando posteriormente en Alemania, Austria y Suiza, antes de volver a España en 1939 e instalarse definitivamente en Madrid.

 

Tras su traslado a Madrid, pasaba los veranos en nuestra localidad, en un chalet de la colonia de la estación, donde continuaba trabajando en su música; según nos aseguran vecinos que le recuerdan de entonces o hijos de aquellos, cuyos padres se lo han contado.

 

Según información facilitada por doña Florencia Barón Redondo, hija de don Rodolfo Barón Castro, entre las obras compuestas en Torrelodones se encuentran las denominadas “Fantasía para un Gentil Hombre” y “Concierto in Modo Galante para violonchelo y orquesta”.

 

Calle de Maestro Cubiles. Compositor. (actualmente calle de la Justicia)

José Cubiles Ramos.  Comenzó desde muy joven a tocar el piano, a la edad de cinco años, y, dado su talento, el director de la escuela de música de Cádiz ensalzó y cuidó de la educación pianística y musical de su joven alumno.  Conforme avanzó en su tarea, marchó a Madrid, donde protegido por la infanta doña Isabel de Borbón, se matriculó en el conservatorio de dicha ciudad para cursar sus estudios de teoría musical y piano  con Pilar Fernández de la Mora.  Sus brillantes interpretaciones le llevaron a que obtuviera ciertos premios extraordinarios de Bellas Artes en solfeo, piano y armonía.

 

Luego marchó a París, donde tomó lecciones de Louis Diémer.  En el año 1914 se le obsequia con el primer premio de piano del Conservatorio de la capital francesa.  A los dos años siguientes ingresa como profesor en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y, sin descuidar sus labores docentes, comienza su carrera internacional como concertista.  A este respecto ofrece recitales, participa como solista junto a orquestas diversas y forma parte de agrupaciones de cámara con músicos como Jacques Thibaud, Paul Kochanske y Gaspar Cassadó.

 

De sus interpretaciones destacan las del Romanticismo por su expresividad.  Así pues, las que atañen a compositores tanto españoles (como Isaaac Albéniz, Enrique Granados o Joaquín Turina) como otros europeos (destacando Fréderic Chopin) fueron dignas de recuerdo.  Tuvo una gran amistad con Manuel de Falla, para quien estrenó en Madrid su obra Noches en los jardines de España, teniendo lugar el año 1916 junto a la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la batuta de Enrique Fernández Arbós.

 

Además de su fama internacional como pianista, también cabe mencionar la de director.  Así pues, José Cubiles dirigió diferentes orquestas, no sólo en el ámbito español, sino de igual forma internacional, destacando la orquesta Filarmónica de Berlín.  Así como cabe mencionar los diferentes premios con que se le condecoró, destacando la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y la Legión de Honor de Francia.

 

Asimismo, atendiendo a su tarea como docente, fue en 1943 cuando obtiene la cátedra de virtuosismo del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid.  De la misma manera, es este mismo año cuando se convierte en profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.  Precisamente a partir de ese año pasa largas temporadas en Torrelodones donde acabará residiendo, y se implica en la vida del pueblo, celebrando varios conciertos en el Casino a beneficio de las obras de la Parroquia.

 

Entre los numerosos alumnos con que contó, algunos de ellos han sido posteriormente destacados músicos del panorama español, como por ejemplo Joaquín Achúcarro, Guillermo González Hernández, María Engracia Gil, María Orán y Manuel Carra.

 

Calle de Juan Muñoz Torregrosa. Escultor.  (actualmente calle de La Paz)

Juan Muñoz Torregrossa.  Fue el segundo de una familia de siete hermanos íntimamente ligada a Torrelodones por sus dos apellidos y vecino de Los Peñascales, donde aún reside su mujer, a quien se conoce probablemente más por ser la autora de las nuevas e imponentes puertas de la ampliación del Museo del Prado.

 

En la década de los setenta viajó a Inglaterra para estudiar en  Croydony luego en el Central School of Art Design.  Allí conoció a su esposa, la pintora y escultora Cristina Iglesias, con quien tuvo dos hijos.  En 1982 viajó a Estados Unidos para estudiar en Pratt Centre de Nueva York con una beca.  Realizó su primera exposición en 1984 en la galería Fernando Vijande de Madrid.  Desde entonces expuso sus trabajos frecuentemente en Europa y otras partes del mundo.

 

A comienzos de años noventa Juan Muñoz comenzó a producir obras de carácter “narrativo” –rompiendo los límites de la escultura tradicional- las cuales constan de instalaciones de figuras de tamaño ligeramente inferior al natural en interacción mutua distribuidas en ambientes tanto cerrados como abiertos.  Sus instalaciones a menudo invitan al espectador a relacionarse con ellas, dejando de sentirse espectador para discretamente formar parte de ellas.  Sus figuras  monocromáticas, gris plomo o color cera ganan en discreción, en universalidad por su falta de particularización, pero esa ausencia de individualidad nos cuestiona y, tal vez, hasta incomoda.

 

En su obra, Juan Muñoz comenzó utilizando materiales que podríamos denominar menos nobles, principalmente papel maché, resina, pero finalmente hizo uso de la fundición en bronce.

 

Además de la escultura, Muñoz se interesó en la creación de obras de carácter auditivo, produciendo algunos trabajos para radio.  Uno de sus trabajos más reconocidos en este medio fue el que realizó junto con el compositor británico Gavin Bryarsa  a principios de los años 80, llamado A Man in a Room, Gambling (un hombre en una habitación, apostando), el cual constaba de Muñoz describiendo trucos de naipes acompañado por una composición de Bryars.  Las piezas, diez segmentos de no más de cinco minutos, fueron emitidas por la cadena de radio Radio 3 de la BBC.

 

En un programa de radio inédito (ThirdEar, 1992), Juan Muñoz  planteaba que existían dos cosas imposibles de representar: el presente y la muerte, y que la única manera de llegar a ellas era por su ausencia. Y, así fue, inesperada y súbitamente un paro cardíaco provocado por un aneurisma de esófago y una hemorragia interna nos privó de su presencia y su arte a los 48 años de edad veraneando en Santa Eulalia del Río, Ibiza, el 28 de agosto de 2001, un año después de que se le hubiera concedido el Premio Nacional de Artes Plásticas.  En el momento de su muerte todo Londres podía disfrutar en la Tate Modern de la exposición de su obra DobleBind.

 

Calle de Rafael Martínez López. Maestro.  (actualmente calle de la Solidaridad)

Rafael Martínez López.  En 1918 tras aprobar las oposiciones de profesorado se incorporó como maestro a un pueblo de la sierra de Madrid:  Torrelodones, donde con la ayuda de la familia Vergara logró poner en marcha la primera escuela mixta y una biblioteca, así como otras iniciativas encaminadas a favorecer el desarrollo educativo de los vecinos de nuestro municipio.

 

Rafael simboliza a todas esas personas que han luchado porque la educación sea uno de los instrumentos decisivos que el Estado tiene para conseguir la igualdad real entre las personas sea cual sea su género o su condición social.

 

Calle de Rafaela Llorente.  (actualmente calle de la Nobleza)

Rafaela Llorente Navacerrada.  Los padres de Rafaela, Francisco Llorente Galindo y Mauricia Navacerrada Gil, eran naturales de Tres Casas, provincia de Segovia, y además de Rafaela tuvieron tres hijos más: Emilio, Elena y Francisco.  Emilio Llorente sería Juez de Paz de Torrelodones durante 37 años y tiene calle en el Pueblo.

 

Rafaela se casaría con Benito Torres Madrid el 10 de julio de 1935 en la parroquia de la Asunción, estableciendo su residencia en la calle Real, en una casita situada frente a la actual Biblioteca.  De este matrimonio nacieron dos hijos, Rafael y María Isabel, quienes pronto se manifestarían como grandes emprendedores.

 

Benito, recordaba a su hija Maribel hace unos años, “desde muy joven, empezó a trabajar, primero como ayudante de conductor y luego, cuando tuvo la edad, se sacó el carné de conducir.  Se compró un coche y con él hacía portes.  En aquella época, cuando los veraneantes venían de vacaciones a Torrelodones se traían la casa: ropa, muebles, colochones, ollas, nevera…  Cuando terminaba el verano se hacía al revés.  Durante el año, transportaba diariamente, hasta el campamento militar de Hoyo, el pan de la tahona de Castillo, y a los soldados también”.

 

Rafaela no se quedaba atrás pues, además de ser  una gran lectora, “era muy organizada, siempre llevó la administración de la casa, como se dice ahora “tenía una cabeza muy bien amueblada”.  De hecho, además de llevar la administración familiar regentó un bar, que primero estuvo en el número 3 de la calle Real ,  y que se llamaba “Madrid”, y posteriormente otro, al que bautizaron con el nombre de “Benito”, también en la calle Real, pero en el número 39 y que estuvo abierto al público hasta 1975.

 

Contaba con dos hijos, 8 nietos y 14 biznietos. El pasado 24 de octubre de 2011 cumplió 100 años.  Ese mismo día Carlos Beltrán, concejal de Deportes, en representación de la alcaldesa de Torrelodones, Elena Biurrun, impuso a Rafaela la insignia  “Hija del Pueblo” con el escudo de Torrelodones.

 

Calle de Rodolfo Barón Castro.  Demógrafo.  (actualmente calle de la Alegría, tramo comprendido entre la c/. Las Canteras y la c/. Joaquín Rodrigo)

Rodolfo Barón Castro.  Nació en San Salvador el 31 de enero de 1909.  Fueron sus padres don Rodolfo Barón, oriundo de Ahuachapán, en donde nació el 21 de julio de 1872, y doña María  Castro Berberena, pertenecientes ambos a destacadas familias salvadoreñas, algunos de cuyos antepasados participaron activamente en la independencia y posterior formación de su país.

 

Viaja a España en 1925, donde estudia en la Universidad Complutense, y a partir de 1928 forma parte del Servicio Exterior de El Salvador en España, labor que compaginó con otras tareas diplomáticas, culturales y académicas, que le introducen en los ambientes intelectuales madrileños relacionados con el mundo hispano.  A partir de ese momento su ligazón con España y con Torrelodones en particular, donde tuvo su residencia durante muchos años y donde actualmente vive su hija, fue permanente hasta el momento de su fallecimiento, sucedido en Mazagón el 18 de noviembre de 1986.

 

En el Madrid de los años veinte el joven Barón toma contacto con las principales personalidades de la cultura hispana e intelectuales de la talla de Juan Ramón Jiménez, Miguel de Unamuno, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Gregorio Marañón, Manuel Vázquez Díaz y Américo Castro, fundador de la Sección Hispanoamericana del Centro de Estudios Históricos, con quien comienza su actividad investigadora, junto a Enrique Díaz Canedo, Silvio Zabala y Ángel Resenblant.

Precisamente es con éste último con quien, desde una perspectiva más general, compartía su interés por la demografía histórica, una ciencia de la que ambos fueron pioneros y precursores, ya que todo en ella estaba por hacer, especialmente en América por lo que sus conversaciones e intercambios de ideas fueron para ambos muy fructíferos y provechosos.  Pero fue Carlos Pereyra, erudito profesor de ciencias sociales, el pilar fundamental de Rodolfo Barón como historiador e investigador, y como tal, prologuista de La población de El Salvador, una de sus obras más completas e interesantes, publicada en Madrid en 1942, cuando ya era colaborador asiduo del Instituto Gonzalo Fernández de Oviedo del C.S.I.C., que dirigía un antiguo profesor suyo: Antonio Ballesteros Baretta.  Se trata de “un estudio, en 4 tomos, acerca del desenvolvimiento de la población salvadoreña desde la época prehistórica hasta nuestros días”.  Una obra de referencia para autores como Vicens Vives, Carande y Laín Entralgo, y que le valió la Orden de Alfonso X el Sabio.

 

Le siguieron otras muchas, pero lo más importante es que durante las décadas siguientes, La población de El Salvador fue mencionada prácticamente en todas las obras de su país relativas a temas históricos o demográficos, así como por prestigiosos expertos internacionales en demografía histórica, como la London School of Economies and Political Science.

 

En cuanto a sus labores diplomáticas, participó en veinte conferencias internacionales celebradas entre 1931 y 1964, entre ellas, la Primera Asamblea General de las Naciones Unidas.  En 1949, fue designado como observador para vigilar el plebiscito celebrado en Chandergadro (India).  Digna de Resaltar fue su labor en la UNESCO como Embajador Delegado Permanente de El Salvador y Representante de su país en las Conferencias Generales y el Consejo Ejecutivo, de la que llegó a ser presidente.  Además, desempeñó diversos cargos culturales y académicos.  Impartió cursos y conferencias en universidades y academias de América, Europa y Asia.  Desde 1943 hasta 1975, sin interrupción, lo hizo en la Universidad Hispanoamericana de Santa María de la Rápida, profesor visitante de la Universidad de Notre Damey consultor de la Enciclopedia Británica.  Recibió numerosas distinciones académicas, universitarias y de corporaciones científicas, literarias o educativas y fue académico numerario de prestigiosas academias.

 

Entre las principales obras que ha publicado destacan, además de La población de El Salvador, Pedro Alvarado, Españolismo y antiespañolismo en la América Hispana y Selección de prosistas modernos hispanoamericanos.

 

Calle de Constantino Benito.  (actualmente calle de la Lealtad, tramo comprendido entre la c/. Fernando Arbex  con la avda. de Pradogrande)

Constantino Benito Abad.  Nacido en Salas de los Infantes en abril de 1915 se avecindó en Torrelodones el 17 de enero de 1956 por su traslado a la oficina de Correos y Telégrafos del municipio.  En ella trabajó hasta la jubilación en 1980 cuando era el encargado de la estafeta.

 

Persona de reconocida integridad profesional, resulta más querida por carácter y su lucha por la mejora de las condiciones de los vecinos menos favorecidos.  Cuando acababa su jornada laboral enseñaba a los niños de estas familias a leer y escribir, nociones de matemáticas, historia, etc.  Además, ayudaba al gran número de analfabetos que había aún en nuestro municipio a redactar cartas y telegramas, tramitar notificaciones y realizar cuantos trámites necesitaban.

 

Por todo ello recibió siempre enormes muestras de cariño y afecto a lo largo de su vida por parte de los vecinos.

 

Calle de Fernando Arbex. Compositor.  (actualmente calle de la Lealtad, tramo comprendido entre la c/. Amparo Cantero y la c/. Constantino Benito)

Fernando Arbex Miró.  Nace el 18 de mayo de 1941 en Madrid.   A los 16 años empieza a tocar la batería en el grupo Los Estudiantes.

 

Más tarde participa en el grupo Los Brincos que le dieron sus mejores éxitos en la década de los 60, compartiendo protagonismo con Juan Pardo y Antonio Morales (más conocido como Junior).  Tras la separación de estos para formar el dúo Juan y Junior, mantiene el grupo bajo su fuerte liderazgo y obtiene importantes éxitos, editando diversos singles y dos LP más.  En 1968 tiene un pequeño papel en la película Días de viejo color, de Pedro Olea.

 

En 1970 tras disolver el grupo forma el grupo Alacrán, y posteriormente Barrabás.  Con letras en inglés y medio camino entre el funk y un incipiente rock latino, Barrabás tuvo éxito y entró en las listas de música negra estadounidense.

 

Arbex produjo a artistas tan dispares como José Feliciano, Rita Pavone, Harry Belafonte, Nana Mouskouri, Camilo Sesto, Aviador Dro y Emilio Aragón.  También fue compositor de algunos de los mayores éxitos de Miguel Bosé, Micky, Marisol, Tony Ronald y Middle of the Road.

 

También grabó la obra sinfónica para ballet El caballero del arco iris, el musical La maja de Goya y la cantata Terrasanta.

 

A los 30 años de su primera separación, en el verano del 2000, un concierto de Los Brincos en La Coruña atrajo a 40.000 personas.

 

Después, grabaron un disco con canciones nuevas, Eterna Juventud, y anunciaron una gira de conciertos.

 

Fallece el 5 de julio de 2003 a la edad de 62 años después de una larga enfermedad en su residencia de Torrelodones, donde actualmente vive su hijo.

 

 

Calle de Miguela Vicente.  (actualmente calle de la Alegría, tramo comprendido entre la c/. Rodolfo Barón  y rotonda)

Miguela Vicente García.  Nació en Montón (Zaragoza) a principios del siglo XX.  Se trasladó a Torrelodones, junto con su marido Pascual Gracia y sus dos hijos mayores antes de la Guerra, afincándose como guardeses en Villa Julita, donde coincidieron con la Pasionaria, que pasaba temporadas en la finca.

 

Se trasladaron posteriormente por un corto periodo de tiempo a Villena, instalándose a continuación, de una forma definitiva en Torrelodones, donde nacieron sus dos hijos menores.

La “Sra. Miguela”, como todas la conocíamos, a lo largo de su “dura vida”, ya que enviudó a temprana edad con sus hijos adolescentes y niños, en los años de la postguerra, aunque no haya brillado en el campo de las artes, las ciencias y la política, sí ha hecho méritos más que suficientes, desde su sencillez y discreción, como para que su nombre quede en la memoria de quienes la hemos conocido.

Todos los hijos han estado y están afincados en Torrelodones, trabajando en Torrelodones y formando parte importante de los vecinos de la Colonia desde siempre.

 

Para oír el Pleno completo, emitido por Onda Torrelodones, clic aquí.

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